Schenectady Gazette – 17 Mar 1954

Contrariamente a la práctica habitual, la mano de hoy fue una batalla entre el Sr. Dale y el Sr. Champion, el primero tratando de regalar una baza y el último tratando de evitar ganarla.

Sur Dador. Nadie vulnerable.

El campo de batalla: Fue el palo de corazón y el señor Dale ganó porque tuvo la suerte de tener el dos. El señor Champion salió con la dama de espada que ganó la baza. Después de mirar por encima el muerto, se sintió muy sombrío sobre sus posibilidades de vencer el contrato. Podía ver una ganadora de espada, una de corazón y un trebol, pero no más.

Al mismo tiempo, el Sr. Dale se sentía pesimista sobre sus posibilidades de hacer el contrato. Sin entradas al muerto, parecía que tendría que perder tres espadas y posiblemente un corazón.

Como de costumbre: el Sr. Champion hizo la mejor defensa posible. En la baza dos cobró el as de trebol y luego cambió al ocho de diamante. El señor Dale ganó con el as de diamantes y se dio cuenta que la única manera de conseguir esas tres bazas en la mesa era poner en mano al señor Champion y hacerle salir jugando un trebol o un diamante.

En la baza cuatro jugó el as de corazon. El señor Champion comprendiendo la verdadera situación empezó a salirse del camino, jugando el seis.

Las preocupaciones de Mr. Dale aún no habían terminado. ¿Y si el nueve de corazon de la señora Keen era una carta falsa? «¿Qué pasaría si ella tuviera dos corazones pequeños y Mr. Champion tuviera la dama doubleton?» En ese caso, la siguiente jugada de un corazón tendría que ser chico, no el rey. En otras palabras, el señor Dale tenia que perder una baza de corazón, ya que lo derrotarían si él mismo jugaba las espadas al final de la mano.

Hizo la jugada correcto. Él ganó el rey de corazon, Mr. Champion dejó caer la dama pero entonces el declarante jugó el dos de corazon y el Sr. Champion tuvo que ganar con el tres. Así, la vuelta de un trebol o un diamante era ganada por el muerto y permitía al Sr. Dale desechar sus espadas perdedoras.