Pittsburgh Post-Gazette – 11 Jul 1942    

Cualquiera que siga ciegamente las asi llamadas «reglas de juego», tales como «segunda mano juega chico», «nunca finessee contra su pareja», y así sucesivamente, no es probable que se distinga en la mesa de bridge. La única razón por la que no puedo llamar a estas «reglas» obsoletas es que nunca fueron válidas. En la mano de hoy, por ejemplo, el rechazo de los defensores a hacer la «finesse contra su pareja» creó un problema insoluble.

Sur: dador. Norte-Sur vulnerable.

Oeste salió de su cuarta espada. Este colocó virtuosamente el rey y el declarante ganó. El as de corazón fue cobrado, y el jack fue sobre-tomado con la dama y vino de vuelta la dama de trebol, el declarante jugó bajo. Oeste ganó y ahora se encontró con un terrible dilema.

Huelga decir que no podía saber que Este tenía el jack de espada, de ahí que Oeste se enfrentara a la siguiente opción: podía jugar dama de espada, y luego seguir con el as y la dama de diamante con la esperanza de que Este tuviera el rey de diamante. Esta defensa contemplaría una mano en Sur como:

  A J 10  A K J 10 x x  x x  A x

Obviamente, una mano como esta justificaría la declaración del declarante. La otra línea de defensa era jugar a que Este tuviera el jack de espada y el declarante el rey diamante. Esto implicaría jugar debajo de la dama de espada, para que Este pudiera ganar y devolviera un diamante a través del rey.

Obligado a una conjetura entre estas defensas alternativas, Oeste, lamentablemente, eligió la primera, es decir, puso la dama de espada sobre la mesa, después de eso, no había manera de derrotar el contrato.

Si Este hubiera utilizado su imaginación y la previsión en la primera baza, su compañero no se hubiera tenido que enfrentar a esta difícil conjetura. En la subasta quedó perfectamente claro que el muerto era comparativamente débil y que el declarante era extremadamente fuerte. Siendo así, era – inconcebible que Oeste hubiera salido debajo del as de espada, si lo hubiera tenido.

Tal salida sería escandalosa. Por lo tanto, Este no debería haber puesto el rey espada: en cambio debió haber jugado el diez. Obviamente, esto hubiera obligado al as, y más tarde, cuando Oeste ganara baza con su rey de trebol, hubiera jugado otra espada, como la única jugada razonable para construir cuatro bazas para la defensa.