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El Bridge se juega básicamente para divertirse, pero el
placer se vuelve desagrado cuando uno se encuentra con
jugadores sin modales o inéticos. Todos sufrimos de vez en
cuando de lapsos en los modales o ética: puede ser que usted
sea una excepción, pero debe tener la habilidad de reconocer
los errores de conducta de los demás. Son culpables de pecados
bridgísticos en diferentes grados:
1.. El jugador cuya mano toca varias tarjetas del bidding
box, titubea con la mano, toca el pass y luego el bid, o
viceversa: Eso está absolutamente prohibido. La mano debe ir
con decisión a sacar el bid, no mariposeando y vacilando. Si
estas inflexiones las realiza su compañero, lo correcto es
ignorar cualquier inferencia que de allí se haya obtenido.
2.. El jugador que vacila cuando tiene una jugada o remate
automático: Si lo hace porque está pensando en la mano
anterior o en cualquier otra cosa, debe pedir indulgencia a
los contrarios, más o menos con: "lo siento, no me di cuenta
que era mi turno, no tengo ningún motivo para pensar..."
3.. El jugador que toma ventaja de las legítimas
vacilaciones de su compañero: Un jugador ético las ignora, y
en casos específicos toma una acción contraria a la
sugerida.
4.. El jugador que comenta el remate o las jugadas durante
el desarrollo de la mano: Es impropio criticar el remate del
compañero cuando éste baja el Muerto, o implicar que el
contrato se cumple o no. Lo correcto es abstenerse de hacer
cualquier tipo de comentario durante le transcurso de la
mano.
5.. El jugador que muestra obvios signos de placer o
disgusto cuando el compañero remata o juega una carta: Esta es
una de las más comunes maneras de transmitir información
ilícita.
6.. El jugador que se muestra ofendido cuando se llama al
Director o se queda refunfuñando cuando se le aplica una
penalidad contemplada en los reglamentos: Se debe llamar al
Director cada vez que ocurre una irregularidad, aún cuando se
conozcan los procedimientos aplicables y eso no constituye de
ninguna manera una ofensa.
7.. El jugador que llama la atención a su compañero sobre
el score, sobre las bazas que ha perdido, o sobre las bazas
que necesita.
8.. El jugador que repetidamente pide que le digan el
remate nuevamente, o que quiere ver la baza anterior, o que
hay que recordarle que es su turno: El no prestar atención o
distraerse irrita a los demás jugadores.
9.. El jugador que no sabe tener sus cartas sin que los
contrarios las vean: Los contrarios se sienten incómodos
tratando de no verlas.
10.. El jugador que fija la mirada en el contrario cuando
éste está pensando, o que se fija de que lugar está sacando la
carta: Esto último es sencillamente trampa.
11.. El jugador que, defendiendo o carteando, saca una
carta y la vuelve a meter, repitiendo el proceso.
12.. El jugador que es Muerto y quiere ver la mano del
Declarante o los Defensores.
13.. El jugador que es áspero con su compañero y lo critica
en demasía. El supercrítico generalmente está tratando de
tapar sus propios errores. En el caso de surgir en la mano un
importante aspecto técnico que merece discusión, es adecuado
tomar nota para discutirlo una vez finalizado el juego.
14.. El jugador que trata de enseñar a los oponentes:
Aunque no haya duda de que sea usted el mejor jugador de la
mesa, no debe dar consejos, a menos que se lo pidan y en ese
caso su opinión no debe ser tajante, sino de ayuda, teniendo
el cuidado de ser breve y delicado.
15.. El jugador que a. demora el juego para comentar
demasiado la mano después de haber sido jugada b. no acepta
jugar una mano completa después de la sesión c. abandona el
salón antes de finalizar.
16.. El jugador que sin permiso saca las cartas del
oponente de la tablilla o, peor aún, el que saca dos manos y
luego las confunde.
17.. El jugador que circula rumores acerca de la ética de
otros: Si él piensa que los oponentes se aprovecharon de algo,
debe llamar al Director o hablar luego en privado con algún
dirigente. Esos rumores no producen más que dañina
chismografía. Qué hacer cuando uno se encuentra con alguno de
estos personajes? Usted podría dejar de jugar con él, podría
sufrir en silencio, podría confrontarlo con sus infracciones,
o mandarle una copia de este artículo. De cualquier manera,
usted debe estar absolutamente seguro de que el comportamiento
propio sea perfectamente correcto: esto hará el juego más
placentero para su compañero y para los contrarios y con
suerte ellos seguirán su ejemplo.
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