
Fragmentos de la
Historia del Bridge Sudamericano
Antaño y Hogaño
Cruzando la
Frontera
por John Plaut
En
esta ocasión recordaremos una simpática anécdota
protagonizada por mi querido partner de muchísimos años
Ricardo Kehdy. Para los que no lo conocen, (¿existirá
alguien así?) se los podría describir como una persona
menuda de gran empuje, impulsivo y temperamental. Gran
jugador, pero con el síndrome del instinto asesino (killing
instinct) muy exacerbado, lo que le ha traído varios
sinsabores dentro y fuera de la mesa.
La
historia ocurrió en ocasión de la Olimpíada de Seattle
de 1984, a la cual Chile concurrió con una conformación
no tradicional. Los monstruos, “Macaco” Ruiz y Joaquín
García, la pareja de Julio del Villar y Osvaldo Vergara
y Ricardo Kehdy con el susodicho que escribe.
Macaco
y Joaquín eran una pareja muy pintoresca y llena de
humor. Innumerables son las historias que circulan por
ahí. Valga la pena recordar la ocasión en que pusieron
un aviso en un diario sureño que ofrecía contratos de
modelos para la televisión. Tuvieron una extraordinaria
acogida, hasta el momento que debieron escaparse por la
ventana cuando se les apareció la brigada de delitos
sexuales del servicio de investigaciones.
En
esta ocasión ambos decidieron viajar separadamente e
irse a Vancouver, Canadá y luego volar a Seattle y, una
vez terminado el evento bridgístico, pensaban pasar por
Las Vegas para conquistar los casinos de la ciudad.
Llegamos
al evento capitaneados por Eugenio Palocz, personaje de
ascendencia húngara, eterno capitán de los equipos
chilenos. Nosotros lo elegimos encantados pues en esta
oportunidad nos había ofrecido pagarnos a cada uno $50
dólares de la época por partido ganado o empatado,
imaginándose él que quizá a lo mas tendríamos una que
otra victoria por ahí.
Mas,
estando ya en el hotel nos percatamos que los monstruos
no llegaban. No había ninguna señal ni indicio de ellos
en una época en que aún los teléfonos celulares eran
algo desconocido (como el hombre pudo sobrevivir a
aquello... es algo que comienzan a estudiar los jóvenes
antropólogos).
Nos
repartimos para alojarnos de a dos por habitación. Julio
del Villar con Ricardo, yo con Osvaldo Vergara. Ricardo
llega precipitadamente a su cuarto con Julio y empieza a
desempacar. Quiere bajar a los salones a ver las
instalaciones y ver la programación. En esos momentos se
percata que no tiene la llave de la pieza. Busca
denodada y nerviosamente, aumentando su nerviosismo y
desesperación minuto a minuto. Finalmente decide llamar
a la conserjería del hotel para informar de la dramática
situación.
Una
vez que logra descifrar la codificación necesaria, logra
hacer contacto. En el mejor inglés posible para él, bien
chapurreado podríamos decir, se expresa en cuanto oye
una voz al otro lado del auricular: “SIR, I LOST ME KEY”
y como respuesta escucha “OKAY, PLUTO” y le cortan.
No
quedaba ya mucho tiempo para que comenzaran las acciones
y deciden bajar a los salones de juego. Para
tranquilidad de todos, la llave aparece colgada en la
parte externa de la puerta, Ricardo había entrado con
sus maletas olvidando retirarla. Dicen las malas lenguas
que a raíz de este incidente el hotel inició serias
investigaciones que terminaron con la creación de la
llave de tarjeta magnética.
Polonia
Ganadora de las Olimpiadas de 1984

Comienza
el torneo y debemos abandonar el programa de rotaciones
que habíamos estipulado...García y Ruiz no aparecieron.
Al día siguiente suena el teléfono en nuestras
habitaciones. Era para informarnos que la esperada dupla
había llegado!
¿Qué
les había pasado? A última hora, en vez de utilizar los
pasajes aéreos, habían decidido arrendar un auto y
venirse por la costa desde Vancouver hasta Seattle, un
viaje lindísimo y que dada la corta distancia entre
ambas ciudades, unos 300 kms. diría yo, de no larga
duración. Pero no contaban con la policía fronteriza,
quien los detuvo y consideró muy sospechoso que
compraran pasajes aéreos para venirse luego por tierra.
Les
abrieron todas las maletas a cuchillo buscando la droga
en supuestos compartimientos falsos, no encontrando
absolutamente nada. Tras 6 horas en estos procederes,
les pidieron disculpas y les ofrecieron cancelarles las
maletas destruidas, lo que rechazaron con indignación y
desprecio.
Foto:
BridgeGuys
La parte buena era que a partir del segundo día ya
contábamos con el equipo completo.
Y
la mejor parte fue que empezamos a ganar varios partidos
hasta que, tras el empate con el fuerte equipo
austríaco, fui al cuarto de nuestro querido capitán
quien me dice en su español hungarizado: “No soy loco
yo, no poder seguir con premios mas”.
Y
me entregó lo que habíamos acordado hasta el momento.
Logramos cobrar 8 veces. Al parecer el incentivo tenia
efecto puesto que sin zanahoria solo ganamos 2 partidos
mas.
Sin
embargo, con lo percibido compré tantos libros,
tablillas y bidding boxes de bridge que me detuvieron a
la llegada en la aduana chilena y tuve que justificar
las maletas llenas de libros con la visa americana que
explícitamente mencionaba nuestra participación en las
Olimpíadas. Felizmente un funcionario de la Embajada
había tenido la preocupación de mencionarlo claramente
al momento de emitirla ahorrándome muchos morlacos en
derechos de aduana. Para que lo tengan en cuenta...